La emocionante tarea de hacer un corto.

Hay muchas maneras de contar una historia.

Normalmente no se hace a través de un corto. La más recurrente es hacerlo con la boca, así se cuentan la mayoría de anécdotas y sucesos de cada día. También se pueden contar escribiendo las mismas palabras para que otros las puedan leer, como hago yo en este momento. Y hay otro modo de expresión que utiliza primordialmente la imagen para transmitir un mensaje, me refiero al cine, y dentro de las muchas posibilidades que ofrece este medio, hacer un corto de animación fotograma a fotograma es, quizá, el más asequible a cualquiera que tenga ganas de hacer una peliculita…

En mi caso, debo decir que, a pesar de mi temprana pasión por el cine y la fascinación que siempre he sentido hacia la imagen en movimiento, he tardado demasiado en llevar a cabo mi primer corto con argumento…

Hace años intenté hacer un curso de animación flash, pero no era lo que buscaba. Hubo varios intentos de hacer animación fotograma a fotograma, que no dejaban de ser meros experimentos para ver cómo cobraba vida un muñeco en el editor de vídeo.

Fotograma del corto animado "Christian y la pirámide de Odatnapsé"
Fotograma título.

Podría haber hecho un corto de animación tradicional.

Me gusta pintar, pero hacer dibujos animados me parecía demasiado trabajo y dedicarle mucho tiempo, así que opté por hacer un muñeco de cartulina articulado y moverlo sobre una superficie plana con la cámara cenital. Aún no tenía una historieta que contar, de modo que puse al personaje a hacer cosas como dar una patada a un balón o levitar, o que me llevara unas flores… Era bastante sencillo y poco aparatoso, necesita poco espacio, era perfecto, pero aún pasarían algunos años hasta que di con algo que narrar.

Cuando empecé a ver que ya tenía un posible guión, me puse manos a la obra. Por las tardes montaba mi set de rodaje y hacía las fotografías necesarias para una escena o secuencia. El personaje se movía sobre una superficie verde croma para después incorporar el fondo en el editor de vídeo. El comienzo tuvo sus altibajos, pero una vez solucionados los problemas iniciales, fue un disfrute hacer el corto. Ahora lo comparto aquí, puesto que este vídeo es la causa de mi ausencia…

https://youtu.be/z0G089z7qmk

 

Mariposas en el estómago. Historia de una amiga.

“Mariposas en el estómago.” Nunca antes había sentido aquello,  ¡Lo había oído tantas veces en la tele…! y me sonaba cursi, y un poco asqueroso: mariposas en el estómago… pero resulta que es una metáfora perfecta, que define exactamente lo que se siente en ese momento.

Yo llevaba más de diez años casada y le quería, aunque no recuerdo haber tenido nunca esa sensación con el que era mi marido.

¿Qué voy a decir? Mi nuevo compañero de trabajo estaba como un tren y yo tenía la impresión de que me miraba con interés. Era más joven, más alto, más guapo… cada vez que pasaba por mi lado por lo que fuera, surgía ese aleteo en mi órgano digestivo, no lo podía evitar.

Poco a poco me fui dejando llevar por esa emoción y acepté sin dudar demasiado su primera invitación.

Aquel día retomé mi adolescencia. Mientras volvía a casa con el mariposario puesto y una sonrisa estúpida en la cara, me tuve que frenar para no dar saltitos por la calle…

Al llegar a la puerta todo aquello se desvaneció, y creí morirme de vergüenza.

Mi marido me esperaba viendo la tele y me saludó con un beso rutinario. Yo me fui a la habitación para disimular mi lamentable estado de confusión. ¿Qué había pasado? Sólo habíamos tomado unas cervezas y yo me sentía culpable.

Al día siguiente estaba muy nerviosa y fui a trabajar hecha un lío, pero cuando me encontré con mi colega, toda la culpabilidad y desconcierto se desvanecieron, estaba en una nube y el agradable revoloteo estomacal echaba a empujones cualquier argumento para no estar con él.  Esta vez yo le invité…

En unas semanas mi vida había dado un giro enorme,

ya ni siquiera sentía ese barullo interior, si me pasaba, lo ahogaba convenciéndome de que no se puede reprimir un sentimiento tan fuerte…

No sé si mi marido se dio cuenta, supongo que sí, pero nunca me dijo nada, tal vez porque él también tuvo alguna aventurita y no le resultaba cómodo…

Mi compañero formaba ya parte de mi vida, pero yo no era capaz aún de poner fin a mi matrimonio, aunque lo pensaba muchas veces. Afrontarlo no era fácil. Yo me preguntaba cómo, en esa situación, podía sentirme tan sola. Tenía la necesidad de hablar con alguien ajeno al asunto, pero no sabía con quién. A veces hablaba con una amiga haciendo alusiones veladas para ver qué decía.

Mariposas en el etómago.
Mariposa Fotografía de Mª Gracia Morales

“Sigue a tu corazón” “Te mereces ser feliz””Quizá te equivocaste con tu marido” “Busca el amor verdadero” ” ¿Estás segura de que te quiere?” “Él ha cambiado mucho en estos años…”  Frases de película, de las series, de los anuncios… frases de mis amigas… frases que se colaron en mi mente porque yo les abrí la puerta.

Y ahí estaban las mariposas…

¡Es tan fácil dejarse llevar por los sentimientos agradables…!   Luego buscas excusas y consejo para reforzar esas excusas y lo haces en personas que sabes que te van a dar la razón… porque hacer caso sólo de los lepidópteros quizá no fuera suficiente…

Estar con mi compañero era liberador, aunque la emoción de lo prohibido se iba esfumando y mi recién recuperada adolescencia estaba madurando dolorosamente. Tenía que tomar una decisión. ¡Qué fácil resultó meterme en esa situación y qué endemoniadamente difícil era salir ahora!

Yo miraba a mi marido y veía las diferencias que había con mi compañero y los cambios que se habían producido con los años, y suspendía la prueba por mucho. Pero a pesar de eso, yo antes era feliz. Ahora ni siquiera estaba segura de que dejarle fuera lo mejor. Cuando se me pasó el frenesí adolescente ya no tenía tan claro que salir de una relación trillada y conocida para tirarme de cabeza en otra mucho más excitante y novedosa fuera una buena idea. ¿Era eso lo que realmente necesitaba…? y en esa encrucijada la tentación era tirar por la calle de enmedio y mandar todo al cuerno. “Empezar de cero…” ¡Qué bonito suena en la tele! ¿Y cómo lo llevas a la práctica? Yo quería huir a la luna como mínimo…

No voy a contar todo el proceso,

seguro que os lo imagináis muy bien. Fuera como fuese, tenía que salir de allí y lo hice. Fue doloroso, claro, cualquier decisión que tomara lo era… yo decidí hacer caso al corazón, como te aconseja la sabiduría popular adquirida por el conocimiento televisivo… Hice caso al corazón, y dejé al compañero…  mi marido llevaba más de diez años en él y en eso ganaba por goleada… Además, si hay que decidirse por las vísceras, tampoco hoy en día está bien visto dejarse llevar por el estómago…

 

Visitante inesperado, inoportuno y molesto.

Correteaba yo muy contento por unas florecillas minúsculas en “mi jardín” cuando, de repente, se nubló el sol, pero no por las nubes, si no por un ser gigantesco; un visitante de esos que se dan en llamar “humanos” y que luego no se sabe…

No es que yo haya conocido muchos de esos especímenes, pero éste me resultó del todo insoportable…

Al parecer salió con su taza de café para desayunar fuera, a la luz de un magnífico sol matutino, y entonces reparó en mí… ¡Fíjate que soy pequeño, pero me tuvo que ver…!

Cuando sucedió esto, dio un gritito y dijo:-¡Qué bien, un “bichito” en las florecillas! -y entró de nuevo en la casa para sacar su cámara y adminículos varios; quería hacerme una foto.

¡Vale, que le elijan a uno como modelo tiene su encanto! pero cuando me tapó el sol y colocó todos sus aparatos alrededor de la plantita en la que estaba, ya no tenía tanto glamour la elección.

El visitante
El “Bichito”

¿Os habéis dado cuenta que en las pelis, cuando todo va de maravilla, siempre acaba fatal?

Pues eso me pasó a mí aquella fantástica mañana de verano. Era el momento perfecto, con visos de prolongarse durante el día, y la sesión de fotos arruinó mi felicidad…

No sé muy bien cómo funcionan esas cosas, porque los “bichitos” como tuvo la osadía de llamarme, no solemos hacer fotos, lo que sí que sé, es que desde el primer momento fue como un terremoto. Al colocar sus cosas, movió “accidentalmente” la plantita y yo fui al suelo de golpe. Noté que se disgustó un poco, porque no me encontraba entre las hojas y ramas. Por fin dio conmigo y me colocó donde le salió de las narices, sin preguntar siquiera. Luego, como no me enfocaba, volvió a mover la cámara y… ¡pum! otra vez al suelo. Yo esperaba que esta vez no me encontrase, pero me encontró…

Y de nuevo la misma historia; otra vez al suelo. La cuarta o quinta vez que caí, corrí todo lo que pude para esconderme, y lo conseguí… ¡por fin me dejó en paz…! pero encontró a mi primo que había venido conmigo a la plantita y lo colocó en la ramita que quería para sus propósitos.

¡Pobre primito, el visitante del jardín lo mareó a base de bien!

Desde abajo pude observar los movimientos del visitante, (en realidad era una humana), y fue una pesadilla lo que le hizo pasar a mi pariente… ¿y para qué…? Al final, después de colocar no sé qué anillos de extensión y meternos el objetivo en el ojo para poder enfocar, tirarnos un montón de veces y agitar a la plantita para encontrarnos entre sus ramas, no consiguió lo que quería… La foto era para un reto o algo así, pero no le dieron ni un punto…

No sé si para ella fue una decepción o no. Yo, por mi parte, me fui de allí echando virutas y no he vuelto jamás, ni mi primo tampoco…

Bronca estupenda y fantástica. Increíble pero cierto.

No sé por qué fue la última bronca, no recuerdo qué la motivó. Sea lo que fuere, me dejó hecha polvo y con la autoestima por los suelos.

Seguramente me había propuesto un horario con ejercicios, andar una hora, un nuevo régimen, escribir, hacer fotos o cosa semejante todos los días y a las dos o tres semanas me cansé y me puse a procrastinar con mucho empeño, sentándome frente al ordenador para hacer no sé qué mientras visito páginas y páginas interesantísimas de cosas que ni siquiera sé si me gustan…

Si pasa el tiempo y continúo mirando fijamente la pantalla, llevando a cabo con ejemplar diligencia la farragosa tarea de postergar todos mis quehaceres para no se sabe cuándo, aparece doña “Estricta” que ha estado observando con absoluta desaprobación el proceso, y se le ha hinchado la vena progresivamente… yo suelo barruntar el temporal y espero con la cabeza hundida entre los hombros y la mirada baja…

¡Y entonces cae sobre mí con toda su ira! ¿Cómo le voy a replicar…? ¿Qué le puedo decir…? Porque además de tener toda, todita la razón, viene con su cómplice doña “Yatelodije” que, a pesar del nombre, no dice ni pío, ¡pero me echa cada mirada…!

Total, que como son dos personalidades distintas  que conviven en mí misma, o sea, que se supone que soy yo , pues no me puedo decir nada… me hundo en la miseria más absoluta y sigo navegando sin rumbo por internet,  pero con un sentimiento de culpa encima de varias toneladas.

Bronca
Bronca. Fotografía estroboscópica de Mª Gracia Morales.

Cuando por fin , después de la bronca, voy levantando las orejas de nuevo,

vuelve a dominarme doña “Estricta” y una vez más preparo todo lo necesario para la próxima pelotera, es decir, me propongo cosas que se supone que son buenas y que debo hacer aunque me den cien patadas en el estómago…

Hice mi lista de siempre, ¡qué poco creativa! y, cuando la tuve bien definida, se la enseñé a mi “tutora”, que me observaba atenta por encima de mi hombro.

Le dije que ya tenía la lista hecha, que me había fijado un horario, como debe ser, que no me había dejado nada en el tintero… y que se la podía meter por….  ¡por donde fuera! que yo estaba muy contenta haciendo mis tareas diarias sin ponerme actividades extraescolares que no me dejaban vivir… Doña “Estricta” abrió la boca para decir algo, pero como no había dejado de hacer nada de la lista, porque aún no había empezado, no encontró argumentos para reñirme, y doña “Yatelodije” dejó de mirarme a mí para recriminar a su compinche… ¡Jiji…!

Yo le dí la hoja escrita, e invité a las dos con delicados empujones a meterse en una vitrina que procuro mantener bien cerrada; con llave. Desde allí me miran un tanto mustias…

Yo creo que les fastidia no tener que reñirme más porque desde que les mandé a freír espárragos no he tenido un sólo día de procrastinación (¡Hay que ver lo mal que suena la palabrita…!) y tengo un horario muuuuyyy flexible en el que hago multitud de cosas, muchas más de las que puse en la lista, (también es verdad que alguna que otra faena que apunté, la he suprimido sin ningún remordimiento) y el nivel de autoestima está en unos niveles bastante aceptables. Eso a doña “Yatelodije” no le gusta ni un poco, pero es que es una aguafiestas…

Hay personas que han nacido con una agenda perfectamente estructurada en la cabeza;

enhorabuena, yo nací con un reloj loco, que tan pronto se adelanta como se atrasa una barbaridad. Intentar ponerlo en hora porque “es lo mejor” no sirve para nada, lo único eficaz es seguirle el ritmo de la mejor manera posible, quizá forzándole un tanto, pero sin pedirle la precisión de un reloj suizo.