Bronca estupenda y fantástica. Increíble pero cierto.

No sé por qué fue la última bronca, no recuerdo qué la motivó. Sea lo que fuere, me dejó hecha polvo y con la autoestima por los suelos.

Seguramente me había propuesto un horario con ejercicios, andar una hora, un nuevo régimen, escribir, hacer fotos o cosa semejante todos los días y a las dos o tres semanas me cansé y me puse a procrastinar con mucho empeño, sentándome frente al ordenador para hacer no sé qué mientras visito páginas y páginas interesantísimas de cosas que ni siquiera sé si me gustan…

Si pasa el tiempo y continúo mirando fijamente la pantalla, llevando a cabo con ejemplar diligencia la farragosa tarea de postergar todos mis quehaceres para no se sabe cuándo, aparece doña “Estricta” que ha estado observando con absoluta desaprobación el proceso, y se le ha hinchado la vena progresivamente… yo suelo barruntar el temporal y espero con la cabeza hundida entre los hombros y la mirada baja…

¡Y entonces cae sobre mí con toda su ira! ¿Cómo le voy a replicar…? ¿Qué le puedo decir…? Porque además de tener toda, todita la razón, viene con su cómplice doña “Yatelodije” que, a pesar del nombre, no dice ni pío, ¡pero me echa cada mirada…!

Total, que como son dos personalidades distintas  que conviven en mí misma, o sea, que se supone que soy yo , pues no me puedo decir nada… me hundo en la miseria más absoluta y sigo navegando sin rumbo por internet,  pero con un sentimiento de culpa encima de varias toneladas.

Bronca
Bronca. Fotografía estroboscópica de Mª Gracia Morales.

Cuando por fin , después de la bronca, voy levantando las orejas de nuevo,

vuelve a dominarme doña “Estricta” y una vez más preparo todo lo necesario para la próxima pelotera, es decir, me propongo cosas que se supone que son buenas y que debo hacer aunque me den cien patadas en el estómago…

Hice mi lista de siempre, ¡qué poco creativa! y, cuando la tuve bien definida, se la enseñé a mi “tutora”, que me observaba atenta por encima de mi hombro.

Le dije que ya tenía la lista hecha, que me había fijado un horario, como debe ser, que no me había dejado nada en el tintero… y que se la podía meter por….  ¡por donde fuera! que yo estaba muy contenta haciendo mis tareas diarias sin ponerme actividades extraescolares que no me dejaban vivir… Doña “Estricta” abrió la boca para decir algo, pero como no había dejado de hacer nada de la lista, porque aún no había empezado, no encontró argumentos para reñirme, y doña “Yatelodije” dejó de mirarme a mí para recriminar a su compinche… ¡Jiji…!

Yo le dí la hoja escrita, e invité a las dos con delicados empujones a meterse en una vitrina que procuro mantener bien cerrada; con llave. Desde allí me miran un tanto mustias…

Yo creo que les fastidia no tener que reñirme más porque desde que les mandé a freír espárragos no he tenido un sólo día de procrastinación (¡Hay que ver lo mal que suena la palabrita…!) y tengo un horario muuuuyyy flexible en el que hago multitud de cosas, muchas más de las que puse en la lista, (también es verdad que alguna que otra faena que apunté, la he suprimido sin ningún remordimiento) y el nivel de autoestima está en unos niveles bastante aceptables. Eso a doña “Yatelodije” no le gusta ni un poco, pero es que es una aguafiestas…

Hay personas que han nacido con una agenda perfectamente estructurada en la cabeza;

enhorabuena, yo nací con un reloj loco, que tan pronto se adelanta como se atrasa una barbaridad. Intentar ponerlo en hora porque “es lo mejor” no sirve para nada, lo único eficaz es seguirle el ritmo de la mejor manera posible, quizá forzándole un tanto, pero sin pedirle la precisión de un reloj suizo.

 

 

 

 

¿Dónde está mi libertad?

Siempre he considerado la libertad como mi bien más preciado y la he defendido a ultranza. Sin embargo esta mañana me levanté con una gran pesadez de hombros y al mirarme en el espejo vi el enorme nudo que adornaba mi cuello… Me quedé perplejo. En un principio pensé que era una pesadilla, pero no tardé en darme cuenta de que estaba despierto y bien despierto…

Sin libertad
El nudo de la libertad. Fotografía de Mª Gracia Morales

Después de una lucha a brazo partido con el enorme lazo me rendí agotado, ese nudo era demasiado fuerte.

Toda mi vida había peleado para evitar esto, escapé de cualquier compromiso que pudiera comprometer mi independencia y sonreía cuando veía que otros no eran tan hábiles como yo. Ese nudo era un error del destino…

Yo sabía preservar mi libertad intacta

y aquello no tenía sentido. ¿A qué me había atado? Cualquier ligadura que hubiera tenido en el pasado la había deshecho en algún momento, yo no vivía encadenado a nada ni a nadie.

Me había quedado sentado en el suelo después del esfuerzo por soltarme y así permanecí un buen rato. Cuando se me pasó el sofocón empecé a reflexionar sobre mi vida y recordaba los momentos en los que usé mi facultad de elección para no perder nunca mi autonomía: aquella novia posesiva que creyó que me tenía en el bote… mi hermano queriendo que entrara en el negocio familiar… mi ex mujer haciéndose la víctima… ni siquiera tenía hijos que atender, mis padres no necesitaban mis cuidados y trabajaba como freelance… ¿era o no un hombre libre?

Pero había una idea molesta intentando abrirse camino en mi cabeza,

había algo a lo que debía seguir atado y no me daba cuenta. Quería que ese pensamiento tan incómodo fluyera, pero se hacía de rogar. Era como un sueño del que eres consciente y del que quieres despertar pero no puedes.

Me levanté e intenté otra vez desatarme sin mucho entusiasmo, sin embargo esta vez me pareció que el nudo cedía, pero sólo fue una sensación, al tirón siguiente me di cuenta de que era inútil.

¿Qué podía hacer con aquello? Me pesaba mucho y era molesto. No podía pedir ayuda a nadie, ¿Cómo iba a hacerlo? Yo era el paradigma del hombre sin ligaduras y, además, cualquier favor que se pide te compromete con quien te lo hace y es un signo de debilidad…

Me preparé el desayuno y comprobé lo difícil que era tomar café, quitarse las migas del bollo o lavarse después los dientes… ¡Ah qué desgracia me había caído encima!  Y además estaba el tema de salir a la calle con esa corbata tan extraña… eso es vivir atado de verdad… y la molesta idea que me acechaba seguía allí, revoloteando y rebotando en las paredes de mi cerebro, buscando un resquicio por el que colarse. ¿Qué me ataba y por qué no sabía lo que era…?

Se me ocurrió ir a la caja de herramientas para ver si podía romper aquel mamotreto pero cualquier cosa que encontraba era muy difícil de usar con el adorno que llevaba puesto…

Mientras me liaba a martillazos con cuidado de no romperme nada, ese pensamiento que pujaba por salir encontró un agujerito e inundó mi mente dejándome paralizado… el martillo me cayó al pie para rematar la jugada y aumentar mi disgusto… Ni siquiera podía pensar en el dolor porque me resultaba imposible creer lo que acababa de descubrir. Yo, el modelo de hombre libre, el ejemplo de independencia, tenía que confesarme a mi mismo que toda mi vida estuve atado y lo peor era que yo y nadie más apretaba el lazo, yo mismo me encadené y procuré que la cadena fuera cada vez más fuerte, yo me aseguré de que jamás saldría de mi prisión… yo y sólo yo me até a mi libertad… perdiéndola…

 

 

 

 

¡A trabajar…!

Dicen que tengo a mis empleados descontentos porque les pago mal… y yo digo que están un poco obsesionados con el parné. Yo no gano nada y no me quejo. Tendrían que ser conscientes de que la crisis es muy mala y nos tiene ahogaditos, y eso que ya vamos sacando la cabeza. Yo, por ejemplo, que no tengo trabajo, voy y les contrato para posar en mis sesiones fotográficas, porque soy así, no me gusta ver a la gente perdida en el caos de la falta de curro; yo les hago trabajar y se quejan… no hay quién les entienda…

A ver, ¿quieren trabajar o no? porque yo no me ando con chiquitas. Gente hay que estaría feliz haciendo lo que ellos hacen, pero me ha tocado lidiar con los desagradecidos… dicen que quieren trabajar, pero sólo si les pago, entonces me parece a mí que lo que desean es el sueldo, por lo tanto, mienten… o al menos no son todo lo claros que cabría esperar.

A mí nadie me tiene en su nómina… pero estoy faenando todo el día, trabajo no remunerado, que también existe, y esos pelagatos me quieren crucificar porque no les pago, ¿De dónde saco yo su sueldo? ¿No decían que querían currar? ¡Pues ya lo hacen! y no todo lo bien que me gustaría la mayoría de las veces, pero claro, si les dices algo se te suben a la chepa y no hay modo de bajarles…

Yo les digo que si lo hacen mal porque no les pago es como si yo me pongo a hacer la comida de cualquier manera porque nadie me va a dar un sueldo, ¿o me van a discutir también que eso no es currelo?  ¡Lo es, y limpiar y fregar y planchar…! ¡Y por hacer esas cosas en tu casa no te paga nadie! Pero me estoy dejando llevar…

Hay algo que ellos no saben, les he visto sentados en el rato de descanso poniéndome como una hoja de perejil… ¡A MÍ, que soy una bellísima persona! No merezco ese trato, yo les doy trabajo con mimo, con cariño y así me pagan..¡Anda, fíjate, ellos me pagan a mí…! Aunque preferiría que se quedaran ese dispendio en sus bolsillos…

Si yo ganara dinero la cosa sería diferente, entonces se quejarían con razón, y… ¡no tendría más remedio que pagarles….!

Modelo gratuita Fotografía de Mª Gracia Morales.

Recuerdo la ilusión con que Escultina vino a su primera sesión en mi estudio. Estaba nerviosita perdida, temblaba como una hoja. Tanto es así que las primeras fotos, a pesar del flash, me salieron movidas. Tuve que darle una tila y todo.

Escultina quedó más que contenta con el resultado y no le importó nada hacerlo gratis, al menos eso me dijo en aquel momento. Yo tuve que buscarme la vida, porque cuando le pedía que cambiara de postura volvía sin remedio a la misma posición, de modo que las posturas las cambiaba yo…

Alguien de mi equipo le ha metido malas ideas en la cabeza, ahora dice que soy una explotadora sin escrúpulos y que me va a denunciar, pero no creo que llegue a hacerlo dado el inmovilismo del que adolece…

¡En fin! Es una pena la poca solidaridad que demuestran estos empleados con su jefa  Teniendo en cuenta que ellos tienen empleo y yo no, deberían mostrar un poquito más de apoyo a una persona que, sin tener nada, les mantiene ocupados. ¿Qué sería de ellos si yo no les hubiera encontrado? Deberían besarme los pies, estoy convencida… pero no se dan cuenta… no se hizo miel para la boca del asno…

Ahora mismo se me saltan las lágrimas escribiendo estas cosas, es muy duro vivir lo que yo estoy viviendo… ¿Tendré que despedirlos…? ¡Capaces son de pedirme el finiquito! No, siempre he sido una persona dialogante y justa, a cada cual hay que darle lo suyo: que sigan trabajando…

¡Ah, la libertad…!

No sé si es necesario, pero me voy a presentar:
Soy un agaporni de color verde  y azul con algún toque negro y gris azulado, no soy un ancestral… ¡qué le vamos a hacer…! Llevo en este mundo poco más de dos meses y casi toda mi vida la he pasado con mi congénere blanquito, casi albino, que salió de la misma nidada que yo, aunque unas horas más tarde.

Me llaman Romano, no porque haya nacido en Roma, no, sino por mi compinche, que como es prácticamente blanco, parece albino y de ahí los nombres: Albina y Romano… ( En realidad no tienen ni idea de si somos machos o hembras, pero les suena bien… jajaja…) Pero bueno, me estoy desviando del tema. La familia con la que vivimos se fue de vacaciones y nos llevaron a nosotros también. Acabábamos de pasar de la papilla al alimento sólido, y nuestros “piares” empezaban a dejar de ser graznidos. También sentíamos que nuestras alas cogían fuerza y emprendimos nuestros primeros vuelos, con sus correspondientes coscorrones… no importa, volar es una cosa estupenda…

Poco a poco adquiríamos precisión en los aterrizajes y atinábamos cada vez más al otear nuestro objetivo. Ya podíamos ir muy lejos… pero sólo dentro de la casa…

En el chalet de las vacaciones había un patio-jardín con flores y plantas de muchos colores y nos sacaban para que nos diera el aire y viéramos la luz del sol, era maravilloso. En Madrid no teníamos esas cosas. De vez en cuando alguien metía la mano y nos cogía para juguetear, supongo que pensaban que nos gustaba, pero no era así. Nosotros preferimos estar libres y que no nos achuchen demasiado, aunque os digo la verdad, acabas acostumbrándote e incluso le llegas a coger el gusto.

Un día de esos en que quisieron cogerme, abrieron la puerta y yo me preparé para huir. No me cogió, sólo me persiguió un ratito y me dejó en paz pronto, pero tuvo un despiste garrafal: se dejó la jaula abierta… ¡Qué más quería yo…!¡Era mi oportunidad de volar lejos, de vivir mi vida sin tener que aguantar las manos que me perseguían y el pico de mi compi…! No lo dudé un instante, volé todo lo lejos que pude para alejarme de allí cuanto antes.

 

Albina y Romano a la luz de la vela  Cinemagraph de Mª Gracia Morales

 

Iba de árbol en árbol, feliz y contento, sin barrotes, sin manos, sin compañero y… ¡y sin comida…!

¡Vaya! ¡La libertad no era como yo me había imaginado!

No os voy a aburrir con mis aventuras fuera de la jaula, quizá en otro momento, sólo contaré que pasé la noche más larga de mi vida. Debo confesar además, que no me fui tan lejos como me hubiera gustado, echaba de menos esas manos juguetonas, el pico de mi compañero y, sobre todo, la manduca… ¡tampoco se puede ser libre sin comer!

Por la mañana sacaron la jaula con Albina que también había sufrido mi ausencia y me llamaba. No me pude resistir, le contesté, y me fui acercando poco a poco al patio donde me reclamaban. Las llamadas eran cada vez más fuertes, cada vez más apremiantes. Revoloteé un poco para ver dónde posarme y al fin me coloqué sobre la valla del patio, muy cerca de la jaula. Al verme, la cambiaron de lugar para que me fuera más fácil llegar a ella, les alegraba mucho volver a verme.

Por fin aterricé sobre los barrotes de mi casa y me dejé coger. Me llenaron de besos y me pesaron, había perdido diez gramos, de cincuenta que pesaba el día anterior.

El rato siguiente me lo pasé devorando los granos de comida que generosamente habían depositado en el comedero, porque sabían que volvía con mucha hambre…

Todos estábamos contentos, aunque yo tardé en reponerme del susto, me había sentido solo y desamparado y pasé mucho miedo.

Ahora vivo feliz con Albina y la familia que nos cuida. Algunas golondrinas que conocí en aquella escapada se burlan de mí y me desprecian porque creen que vendí mi libertad por comida, ellas viven en nidos que construyen con gran tesón y yo vivo en una caja con un nido de madera que ya estaba allí cuando me instalaron, ellas buscan su comida para criar a sus polluelos y yo sólo tengo que agarrarme a un comedero que siempre tiene granos… pero no soy menos libre por eso, al contrario, pude elegir entre quedarme fuera o volver, y opté por volver donde sabía que me querían… aunque eso suponga volar en un piso.