¡A trabajar…!

Dicen que tengo a mis empleados descontentos porque les pago mal… y yo digo que están un poco obsesionados con el parné. Yo no gano nada y no me quejo. Tendrían que ser conscientes de que la crisis es muy mala y nos tiene ahogaditos, y eso que ya vamos sacando la cabeza. Yo, por ejemplo, que no tengo trabajo, voy y les contrato para posar en mis sesiones fotográficas, porque soy así, no me gusta ver a la gente perdida en el caos de la falta de curro; yo les hago trabajar y se quejan… no hay quién les entienda…

A ver, ¿quieren trabajar o no? porque yo no me ando con chiquitas. Gente hay que estaría feliz haciendo lo que ellos hacen, pero me ha tocado lidiar con los desagradecidos… dicen que quieren trabajar, pero sólo si les pago, entonces me parece a mí que lo que desean es el sueldo, por lo tanto, mienten… o al menos no son todo lo claros que cabría esperar.

A mí nadie me tiene en su nómina… pero estoy faenando todo el día, trabajo no remunerado, que también existe, y esos pelagatos me quieren crucificar porque no les pago, ¿De dónde saco yo su sueldo? ¿No decían que querían currar? ¡Pues ya lo hacen! y no todo lo bien que me gustaría la mayoría de las veces, pero claro, si les dices algo se te suben a la chepa y no hay modo de bajarles…

Yo les digo que si lo hacen mal porque no les pago es como si yo me pongo a hacer la comida de cualquier manera porque nadie me va a dar un sueldo, ¿o me van a discutir también que eso no es currelo?  ¡Lo es, y limpiar y fregar y planchar…! ¡Y por hacer esas cosas en tu casa no te paga nadie! Pero me estoy dejando llevar…

Hay algo que ellos no saben, les he visto sentados en el rato de descanso poniéndome como una hoja de perejil… ¡A MÍ, que soy una bellísima persona! No merezco ese trato, yo les doy trabajo con mimo, con cariño y así me pagan..¡Anda, fíjate, ellos me pagan a mí…! Aunque preferiría que se quedaran ese dispendio en sus bolsillos…

Si yo ganara dinero la cosa sería diferente, entonces se quejarían con razón, y… ¡no tendría más remedio que pagarles….!

Modelo gratuita Fotografía de Mª Gracia Morales.

Recuerdo la ilusión con que Escultina vino a su primera sesión en mi estudio. Estaba nerviosita perdida, temblaba como una hoja. Tanto es así que las primeras fotos, a pesar del flash, me salieron movidas. Tuve que darle una tila y todo.

Escultina quedó más que contenta con el resultado y no le importó nada hacerlo gratis, al menos eso me dijo en aquel momento. Yo tuve que buscarme la vida, porque cuando le pedía que cambiara de postura volvía sin remedio a la misma posición, de modo que las posturas las cambiaba yo…

Alguien de mi equipo le ha metido malas ideas en la cabeza, ahora dice que soy una explotadora sin escrúpulos y que me va a denunciar, pero no creo que llegue a hacerlo dado el inmovilismo del que adolece…

¡En fin! Es una pena la poca solidaridad que demuestran estos empleados con su jefa  Teniendo en cuenta que ellos tienen empleo y yo no, deberían mostrar un poquito más de apoyo a una persona que, sin tener nada, les mantiene ocupados. ¿Qué sería de ellos si yo no les hubiera encontrado? Deberían besarme los pies, estoy convencida… pero no se dan cuenta… no se hizo miel para la boca del asno…

Ahora mismo se me saltan las lágrimas escribiendo estas cosas, es muy duro vivir lo que yo estoy viviendo… ¿Tendré que despedirlos…? ¡Capaces son de pedirme el finiquito! No, siempre he sido una persona dialogante y justa, a cada cual hay que darle lo suyo: que sigan trabajando…

¡Ah, la libertad…!

No sé si es necesario, pero me voy a presentar:
Soy un agaporni de color verde  y azul con algún toque negro y gris azulado, no soy un ancestral… ¡qué le vamos a hacer…! Llevo en este mundo poco más de dos meses y casi toda mi vida la he pasado con mi congénere blanquito, casi albino, que salió de la misma nidada que yo, aunque unas horas más tarde.

Me llaman Romano, no porque haya nacido en Roma, no, sino por mi compinche, que como es prácticamente blanco, parece albino y de ahí los nombres: Albina y Romano… ( En realidad no tienen ni idea de si somos machos o hembras, pero les suena bien… jajaja…) Pero bueno, me estoy desviando del tema. La familia con la que vivimos se fue de vacaciones y nos llevaron a nosotros también. Acabábamos de pasar de la papilla al alimento sólido, y nuestros “piares” empezaban a dejar de ser graznidos. También sentíamos que nuestras alas cogían fuerza y emprendimos nuestros primeros vuelos, con sus correspondientes coscorrones… no importa, volar es una cosa estupenda…

Poco a poco adquiríamos precisión en los aterrizajes y atinábamos cada vez más al otear nuestro objetivo. Ya podíamos ir muy lejos… pero sólo dentro de la casa…

En el chalet de las vacaciones había un patio-jardín con flores y plantas de muchos colores y nos sacaban para que nos diera el aire y viéramos la luz del sol, era maravilloso. En Madrid no teníamos esas cosas. De vez en cuando alguien metía la mano y nos cogía para juguetear, supongo que pensaban que nos gustaba, pero no era así. Nosotros preferimos estar libres y que no nos achuchen demasiado, aunque os digo la verdad, acabas acostumbrándote e incluso le llegas a coger el gusto.

Un día de esos en que quisieron cogerme, abrieron la puerta y yo me preparé para huir. No me cogió, sólo me persiguió un ratito y me dejó en paz pronto, pero tuvo un despiste garrafal: se dejó la jaula abierta… ¡Qué más quería yo…!¡Era mi oportunidad de volar lejos, de vivir mi vida sin tener que aguantar las manos que me perseguían y el pico de mi compi…! No lo dudé un instante, volé todo lo lejos que pude para alejarme de allí cuanto antes.

 

Albina y Romano a la luz de la vela  Cinemagraph de Mª Gracia Morales

 

Iba de árbol en árbol, feliz y contento, sin barrotes, sin manos, sin compañero y… ¡y sin comida…!

¡Vaya! ¡La libertad no era como yo me había imaginado!

No os voy a aburrir con mis aventuras fuera de la jaula, quizá en otro momento, sólo contaré que pasé la noche más larga de mi vida. Debo confesar además, que no me fui tan lejos como me hubiera gustado, echaba de menos esas manos juguetonas, el pico de mi compañero y, sobre todo, la manduca… ¡tampoco se puede ser libre sin comer!

Por la mañana sacaron la jaula con Albina que también había sufrido mi ausencia y me llamaba. No me pude resistir, le contesté, y me fui acercando poco a poco al patio donde me reclamaban. Las llamadas eran cada vez más fuertes, cada vez más apremiantes. Revoloteé un poco para ver dónde posarme y al fin me coloqué sobre la valla del patio, muy cerca de la jaula. Al verme, la cambiaron de lugar para que me fuera más fácil llegar a ella, les alegraba mucho volver a verme.

Por fin aterricé sobre los barrotes de mi casa y me dejé coger. Me llenaron de besos y me pesaron, había perdido diez gramos, de cincuenta que pesaba el día anterior.

El rato siguiente me lo pasé devorando los granos de comida que generosamente habían depositado en el comedero, porque sabían que volvía con mucha hambre…

Todos estábamos contentos, aunque yo tardé en reponerme del susto, me había sentido solo y desamparado y pasé mucho miedo.

Ahora vivo feliz con Albina y la familia que nos cuida. Algunas golondrinas que conocí en aquella escapada se burlan de mí y me desprecian porque creen que vendí mi libertad por comida, ellas viven en nidos que construyen con gran tesón y yo vivo en una caja con un nido de madera que ya estaba allí cuando me instalaron, ellas buscan su comida para criar a sus polluelos y yo sólo tengo que agarrarme a un comedero que siempre tiene granos… pero no soy menos libre por eso, al contrario, pude elegir entre quedarme fuera o volver, y opté por volver donde sabía que me querían… aunque eso suponga volar en un piso.

 

 

 

El nuevo héroe (y II)

Todas las cosas, por mucho empeño que pongamos en conseguirlas, si tardan en llegar, acaban pasando a un segundo plano y luego a un tercero, y así hasta que te parece increíble que una vez te importaran muchísimo… eso es lo que me ocurrió con la estatua del monopatinero… al principio pensaba que todas las llamadas que me llegaban eran para decirme cuándo me recibiría el concejal, pero luego ya ni me acordaba de que había pedido cita con él, y tampoco me molestaba el individuo colocado sobre el pedestal.

Yo prometí contar la historia, y, como permanecía en suspenso…, pues también me olvidé de la promesa… hasta ayer, día en que, por fin, fui recibida en el ayuntamiento por un perplejo concejal de urbanismo, que no se imaginaba lo que yo quería.

El hombre, de mediana edad, bastante morenito después de quince días en Ibiza, me recibió en su despacho con cierta displicencia pero sonriendo educadamente. Pensé que padecía el síndrome pos vacacional, pero luego supe que era así todo el año.

Escuchó mi presentación con la mente en la playa, supongo, porque me miraba con cara beatífica, aunque me daba cuenta de que, por supuesto, no me veía.

Yo me iba encogiendo por momentos. La sensación de bochorno que me invadía crecía a la par que me acercaba sin remedio al asunto que me había llevado hasta allí y que ahora veía con un poco más de objetividad; ¡Qué tontería más grande! y además con la actitud de mi interlocutor… ¡ojalá me tragara la tierra…!

Pero no lo hizo… pasados unos minutos, después de presentarme, la garganta se me quedó seca y sólo veía unos ojillos saltones mirándome con impaciencia mal disimulada. Estaba esperando que hablara para despacharme con cualquier excusa y terminar esa importuna entrevista conmigo.

Tenía que hablar… y hablé. Una vez que salió la primera palabra, las demás fueron detrás en cascada para finalizar cuanto antes aquel momento estúpido.

Me quedé esperando una carcajada o algo similar; entonces miré al concejal por primera vez desde que empecé la retahíla y vi algo que no me esperaba, estaba rojo, conteniendo su ira, parecía a punto de estallar, ¿por qué no me tragó la tierra cuando se lo pedí…? ¿Podría ponerme una multa o meterme en la cárcel por hacerle perder el tiempo con esa sarta de sandeces?

Pero tras unos segundos que a mí me parecieron horas, recobró su compostura y me dio las gracias mientras me acompañaba a la puerta…

(¡Y yo me prometí cien veces que nunca contaría esto a nadie…!)

Llegué a mi casa y me metí dentro echando virutas… no quería ver a persona alguna, pero sobre todo, no quería que me vieran. Me pasé todo el camino de vuelta sospechando que todo el mundo murmuraba y se mofaba de mí…

 

Estatua “okupa” Fotomontaje de Mª Gracia Morales

 

 

 

Hoy por la mañana estaba cortada la calle donde se erguía la estatua. Había un camión de bomberos con la escalera desplegada hacia el pedestal y el concejal en persona blandía un altavoz con el que increpaba al “héroe” para que bajara de allí. La gente que había llegado antes que yo me contó que le habían hecho llegar los papeles del registro de la propiedad referidos al pilar y el pedestal, que estaban a nombre de la estatua en restauración, por tanto, el actual usuario era un okupa…

Parece ser que ni se dignó leerlos, los arrojó al aire y se bajó de la columna despreciando la escalera que tan gentilmente le habían colocado.

Ahora no hay nada allí arriba, y me arrepiento de haber montado todo ese jaleo, porque mientras estuvo el skater aquello no estaba vacío. ¡Vete a saber cuándo tienen arreglado al vejete a caballo propietario del lugar…!