Visitante inesperado, inoportuno y molesto.

Correteaba yo muy contento por unas florecillas minúsculas en “mi jardín” cuando, de repente, se nubló el sol, pero no por las nubes, si no por un ser gigantesco; un visitante de esos que se dan en llamar “humanos” y que luego no se sabe…

No es que yo haya conocido muchos de esos especímenes, pero éste me resultó del todo insoportable…

Al parecer salió con su taza de café para desayunar fuera, a la luz de un magnífico sol matutino, y entonces reparó en mí… ¡Fíjate que soy pequeño, pero me tuvo que ver…!

Cuando sucedió esto, dio un gritito y dijo:-¡Qué bien, un “bichito” en las florecillas! -y entró de nuevo en la casa para sacar su cámara y adminículos varios; quería hacerme una foto.

¡Vale, que le elijan a uno como modelo tiene su encanto! pero cuando me tapó el sol y colocó todos sus aparatos alrededor de la plantita en la que estaba, ya no tenía tanto glamour la elección.

El visitante
El “Bichito”

¿Os habéis dado cuenta que en las pelis, cuando todo va de maravilla, siempre acaba fatal?

Pues eso me pasó a mí aquella fantástica mañana de verano. Era el momento perfecto, con visos de prolongarse durante el día, y la sesión de fotos arruinó mi felicidad…

No sé muy bien cómo funcionan esas cosas, porque los “bichitos” como tuvo la osadía de llamarme, no solemos hacer fotos, lo que sí que sé, es que desde el primer momento fue como un terremoto. Al colocar sus cosas, movió “accidentalmente” la plantita y yo fui al suelo de golpe. Noté que se disgustó un poco, porque no me encontraba entre las hojas y ramas. Por fin dio conmigo y me colocó donde le salió de las narices, sin preguntar siquiera. Luego, como no me enfocaba, volvió a mover la cámara y… ¡pum! otra vez al suelo. Yo esperaba que esta vez no me encontrase, pero me encontró…

Y de nuevo la misma historia; otra vez al suelo. La cuarta o quinta vez que caí, corrí todo lo que pude para esconderme, y lo conseguí… ¡por fin me dejó en paz…! pero encontró a mi primo que había venido conmigo a la plantita y lo colocó en la ramita que quería para sus propósitos.

¡Pobre primito, el visitante del jardín lo mareó a base de bien!

Desde abajo pude observar los movimientos del visitante, (en realidad era una humana), y fue una pesadilla lo que le hizo pasar a mi pariente… ¿y para qué…? Al final, después de colocar no sé qué anillos de extensión y meternos el objetivo en el ojo para poder enfocar, tirarnos un montón de veces y agitar a la plantita para encontrarnos entre sus ramas, no consiguió lo que quería… La foto era para un reto o algo así, pero no le dieron ni un punto…

No sé si para ella fue una decepción o no. Yo, por mi parte, me fui de allí echando virutas y no he vuelto jamás, ni mi primo tampoco…

Bronca estupenda y fantástica. Increíble pero cierto.

No sé por qué fue la última bronca, no recuerdo qué la motivó. Sea lo que fuere, me dejó hecha polvo y con la autoestima por los suelos.

Seguramente me había propuesto un horario con ejercicios, andar una hora, un nuevo régimen, escribir, hacer fotos o cosa semejante todos los días y a las dos o tres semanas me cansé y me puse a procrastinar con mucho empeño, sentándome frente al ordenador para hacer no sé qué mientras visito páginas y páginas interesantísimas de cosas que ni siquiera sé si me gustan…

Si pasa el tiempo y continúo mirando fijamente la pantalla, llevando a cabo con ejemplar diligencia la farragosa tarea de postergar todos mis quehaceres para no se sabe cuándo, aparece doña “Estricta” que ha estado observando con absoluta desaprobación el proceso, y se le ha hinchado la vena progresivamente… yo suelo barruntar el temporal y espero con la cabeza hundida entre los hombros y la mirada baja…

¡Y entonces cae sobre mí con toda su ira! ¿Cómo le voy a replicar…? ¿Qué le puedo decir…? Porque además de tener toda, todita la razón, viene con su cómplice doña “Yatelodije” que, a pesar del nombre, no dice ni pío, ¡pero me echa cada mirada…!

Total, que como son dos personalidades distintas  que conviven en mí misma, o sea, que se supone que soy yo , pues no me puedo decir nada… me hundo en la miseria más absoluta y sigo navegando sin rumbo por internet,  pero con un sentimiento de culpa encima de varias toneladas.

Bronca
Bronca. Fotografía estroboscópica de Mª Gracia Morales.

Cuando por fin , después de la bronca, voy levantando las orejas de nuevo,

vuelve a dominarme doña “Estricta” y una vez más preparo todo lo necesario para la próxima pelotera, es decir, me propongo cosas que se supone que son buenas y que debo hacer aunque me den cien patadas en el estómago…

Hice mi lista de siempre, ¡qué poco creativa! y, cuando la tuve bien definida, se la enseñé a mi “tutora”, que me observaba atenta por encima de mi hombro.

Le dije que ya tenía la lista hecha, que me había fijado un horario, como debe ser, que no me había dejado nada en el tintero… y que se la podía meter por….  ¡por donde fuera! que yo estaba muy contenta haciendo mis tareas diarias sin ponerme actividades extraescolares que no me dejaban vivir… Doña “Estricta” abrió la boca para decir algo, pero como no había dejado de hacer nada de la lista, porque aún no había empezado, no encontró argumentos para reñirme, y doña “Yatelodije” dejó de mirarme a mí para recriminar a su compinche… ¡Jiji…!

Yo le dí la hoja escrita, e invité a las dos con delicados empujones a meterse en una vitrina que procuro mantener bien cerrada; con llave. Desde allí me miran un tanto mustias…

Yo creo que les fastidia no tener que reñirme más porque desde que les mandé a freír espárragos no he tenido un sólo día de procrastinación (¡Hay que ver lo mal que suena la palabrita…!) y tengo un horario muuuuyyy flexible en el que hago multitud de cosas, muchas más de las que puse en la lista, (también es verdad que alguna que otra faena que apunté, la he suprimido sin ningún remordimiento) y el nivel de autoestima está en unos niveles bastante aceptables. Eso a doña “Yatelodije” no le gusta ni un poco, pero es que es una aguafiestas…

Hay personas que han nacido con una agenda perfectamente estructurada en la cabeza;

enhorabuena, yo nací con un reloj loco, que tan pronto se adelanta como se atrasa una barbaridad. Intentar ponerlo en hora porque “es lo mejor” no sirve para nada, lo único eficaz es seguirle el ritmo de la mejor manera posible, quizá forzándole un tanto, pero sin pedirle la precisión de un reloj suizo.

 

 

 

 

¿Dónde está mi libertad?

Siempre he considerado la libertad como mi bien más preciado y la he defendido a ultranza. Sin embargo esta mañana me levanté con una gran pesadez de hombros y al mirarme en el espejo vi el enorme nudo que adornaba mi cuello… Me quedé perplejo. En un principio pensé que era una pesadilla, pero no tardé en darme cuenta de que estaba despierto y bien despierto…

Sin libertad
El nudo de la libertad. Fotografía de Mª Gracia Morales

Después de una lucha a brazo partido con el enorme lazo me rendí agotado, ese nudo era demasiado fuerte.

Toda mi vida había peleado para evitar esto, escapé de cualquier compromiso que pudiera comprometer mi independencia y sonreía cuando veía que otros no eran tan hábiles como yo. Ese nudo era un error del destino…

Yo sabía preservar mi libertad intacta

y aquello no tenía sentido. ¿A qué me había atado? Cualquier ligadura que hubiera tenido en el pasado la había deshecho en algún momento, yo no vivía encadenado a nada ni a nadie.

Me había quedado sentado en el suelo después del esfuerzo por soltarme y así permanecí un buen rato. Cuando se me pasó el sofocón empecé a reflexionar sobre mi vida y recordaba los momentos en los que usé mi facultad de elección para no perder nunca mi autonomía: aquella novia posesiva que creyó que me tenía en el bote… mi hermano queriendo que entrara en el negocio familiar… mi ex mujer haciéndose la víctima… ni siquiera tenía hijos que atender, mis padres no necesitaban mis cuidados y trabajaba como freelance… ¿era o no un hombre libre?

Pero había una idea molesta intentando abrirse camino en mi cabeza,

había algo a lo que debía seguir atado y no me daba cuenta. Quería que ese pensamiento tan incómodo fluyera, pero se hacía de rogar. Era como un sueño del que eres consciente y del que quieres despertar pero no puedes.

Me levanté e intenté otra vez desatarme sin mucho entusiasmo, sin embargo esta vez me pareció que el nudo cedía, pero sólo fue una sensación, al tirón siguiente me di cuenta de que era inútil.

¿Qué podía hacer con aquello? Me pesaba mucho y era molesto. No podía pedir ayuda a nadie, ¿Cómo iba a hacerlo? Yo era el paradigma del hombre sin ligaduras y, además, cualquier favor que se pide te compromete con quien te lo hace y es un signo de debilidad…

Me preparé el desayuno y comprobé lo difícil que era tomar café, quitarse las migas del bollo o lavarse después los dientes… ¡Ah qué desgracia me había caído encima!  Y además estaba el tema de salir a la calle con esa corbata tan extraña… eso es vivir atado de verdad… y la molesta idea que me acechaba seguía allí, revoloteando y rebotando en las paredes de mi cerebro, buscando un resquicio por el que colarse. ¿Qué me ataba y por qué no sabía lo que era…?

Se me ocurrió ir a la caja de herramientas para ver si podía romper aquel mamotreto pero cualquier cosa que encontraba era muy difícil de usar con el adorno que llevaba puesto…

Mientras me liaba a martillazos con cuidado de no romperme nada, ese pensamiento que pujaba por salir encontró un agujerito e inundó mi mente dejándome paralizado… el martillo me cayó al pie para rematar la jugada y aumentar mi disgusto… Ni siquiera podía pensar en el dolor porque me resultaba imposible creer lo que acababa de descubrir. Yo, el modelo de hombre libre, el ejemplo de independencia, tenía que confesarme a mi mismo que toda mi vida estuve atado y lo peor era que yo y nadie más apretaba el lazo, yo mismo me encadené y procuré que la cadena fuera cada vez más fuerte, yo me aseguré de que jamás saldría de mi prisión… yo y sólo yo me até a mi libertad… perdiéndola…

 

 

 

 

¡A trabajar…!

Dicen que tengo a mis empleados descontentos porque les pago mal… y yo digo que están un poco obsesionados con el parné. Yo no gano nada y no me quejo. Tendrían que ser conscientes de que la crisis es muy mala y nos tiene ahogaditos, y eso que ya vamos sacando la cabeza. Yo, por ejemplo, que no tengo trabajo, voy y les contrato para posar en mis sesiones fotográficas, porque soy así, no me gusta ver a la gente perdida en el caos de la falta de curro; yo les hago trabajar y se quejan… no hay quién les entienda…

A ver, ¿quieren trabajar o no? porque yo no me ando con chiquitas. Gente hay que estaría feliz haciendo lo que ellos hacen, pero me ha tocado lidiar con los desagradecidos… dicen que quieren trabajar, pero sólo si les pago, entonces me parece a mí que lo que desean es el sueldo, por lo tanto, mienten… o al menos no son todo lo claros que cabría esperar.

A mí nadie me tiene en su nómina… pero estoy faenando todo el día, trabajo no remunerado, que también existe, y esos pelagatos me quieren crucificar porque no les pago, ¿De dónde saco yo su sueldo? ¿No decían que querían currar? ¡Pues ya lo hacen! y no todo lo bien que me gustaría la mayoría de las veces, pero claro, si les dices algo se te suben a la chepa y no hay modo de bajarles…

Yo les digo que si lo hacen mal porque no les pago es como si yo me pongo a hacer la comida de cualquier manera porque nadie me va a dar un sueldo, ¿o me van a discutir también que eso no es currelo?  ¡Lo es, y limpiar y fregar y planchar…! ¡Y por hacer esas cosas en tu casa no te paga nadie! Pero me estoy dejando llevar…

Hay algo que ellos no saben, les he visto sentados en el rato de descanso poniéndome como una hoja de perejil… ¡A MÍ, que soy una bellísima persona! No merezco ese trato, yo les doy trabajo con mimo, con cariño y así me pagan..¡Anda, fíjate, ellos me pagan a mí…! Aunque preferiría que se quedaran ese dispendio en sus bolsillos…

Si yo ganara dinero la cosa sería diferente, entonces se quejarían con razón, y… ¡no tendría más remedio que pagarles….!

Modelo gratuita Fotografía de Mª Gracia Morales.

Recuerdo la ilusión con que Escultina vino a su primera sesión en mi estudio. Estaba nerviosita perdida, temblaba como una hoja. Tanto es así que las primeras fotos, a pesar del flash, me salieron movidas. Tuve que darle una tila y todo.

Escultina quedó más que contenta con el resultado y no le importó nada hacerlo gratis, al menos eso me dijo en aquel momento. Yo tuve que buscarme la vida, porque cuando le pedía que cambiara de postura volvía sin remedio a la misma posición, de modo que las posturas las cambiaba yo…

Alguien de mi equipo le ha metido malas ideas en la cabeza, ahora dice que soy una explotadora sin escrúpulos y que me va a denunciar, pero no creo que llegue a hacerlo dado el inmovilismo del que adolece…

¡En fin! Es una pena la poca solidaridad que demuestran estos empleados con su jefa  Teniendo en cuenta que ellos tienen empleo y yo no, deberían mostrar un poquito más de apoyo a una persona que, sin tener nada, les mantiene ocupados. ¿Qué sería de ellos si yo no les hubiera encontrado? Deberían besarme los pies, estoy convencida… pero no se dan cuenta… no se hizo miel para la boca del asno…

Ahora mismo se me saltan las lágrimas escribiendo estas cosas, es muy duro vivir lo que yo estoy viviendo… ¿Tendré que despedirlos…? ¡Capaces son de pedirme el finiquito! No, siempre he sido una persona dialogante y justa, a cada cual hay que darle lo suyo: que sigan trabajando…